PROMESAS DEL ESTE
En la categoría de películas “duras de cojones” hay que reservar un lugar especial para Promesas del Este. Viggo Mortensen (uno de mis actores favoritos) está sublime, aunque sería casi un pecado no mencionar al germano Armin Mueller Stahl. Con esa pinta de abuelito bonachón que se gasta, Armin ha realizado un trabajo fantástico como jefe de un clan de la mafia rusa. Ya me sorprendió en la película La Caja de Música, filme en el que interpretaba a un ex nazi que vivía oculto en una ciudad norteamericana, pero el papelón que realiza en este nuevo trabajo es extraordinario.
Os comento esto porque, mientras daba un paseo por el centro de la ciudad, me he acordado de ese viejo refrán que dice que la cara es el espejo del alma. Bueno, si eso fuera así, si una mirada tierna y dulce siempre acompañase a una personalidad bondadosa, el mundo en el que vivimos sería mucho más sencillo. Más fácil de interpretar. Pero no es así. De la misma forma en que este adorable anciano se revela como un ser maligno en la mayoría de sus trabajos cinematográficos, en la vida real ocurre tres cuartos de lo mismo. No te puedes fiar ni de la madre que te parió, y la única clave para saber quién es buena o mala persona es la famosa prueba del ensayo y error. Debes dejarte llevar. Sólo confiando en los demás sabrás realmente qué personas valen o no la pena. Lo triste es que en el camino puedes llevarte más de desengaño.

