INTOLERANCIA A LOS DEMÁS
Vivimos una época de alta intolerancia a la frustración. La necesidad de obtener todo aquello que nos poponemos, de forma rápida y sencilla, se ha convertido en una enfermedad sin cura. El mero hecho de que alguien nos contradiga supone una afrenta en toda regla. Nadie acepta un simple y contundente NO como respuesta.
¿Qué nos está pasando? ¿Cómo hemos llegado a este extremo?
Los mayores temores del siglo XXI son, paradójicamente, el miedo a la soledad y el miedo al compromiso. Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio. Contigo porque me matas, y sin ti porque me muero. No aceptamos ni la más mínima intromisión en nuestro interior. El yo, me, mi, conmigo ha ganado más enteros de los que subirá jamás el índice Dow Jones.
El principal problema de tanto egocentrismo, en mi modesta opinión, es que suele conducir a una terrible soledad. Incluso hemos inventado una forma de vida en pareja sin los inconvenientes de la convivencia: living apart together. Cada uno en su casa y Dios en la de todos.
Si no somos capaces de aguantar ni las más insignificantes manías de nuestra pareja… ¿cómo vamos a soportar los grandes defectos de un mundo imperfecto? ¡Ojo! No vayamos a terminar como Randle McMurphy, el inestable aunque genial personaje interpretado por Jack Nicholsosn en la película "One flew over de cuckoo´s nest". La terapia electroconvulsiva no parece plato de buen gusto.

